viernes, 16 de noviembre de 2018

Habana caprichosa

Me despierto escuchando los pajaritos por la ventana, me recuerda a cuando salía de marcha a bailar salsa a principios de los noventa en Madrid con mi amiga Patricia, que llegábamos siempre a casa a dormir escuchando los pajaritos, solo que ahora no me estoy acostando sino que me estoy levantando, ¡vaya!

Me alegro de haber conocido a Patricia, que me enseñó a bailar salsa y con la que conservo una estrecha relación, de estas amigas con las que sigues viajando, conversando, a las que escuchas, a las que aconsejas y por las que te dejas aconsejar, de estas relaciones en las que una diferencia de edad de veinte años no solo no aleja sino que ayuda a ampliar la percepción de la vida en ambas direcciones, de estas amistades que suman, que enriquecen.

Le digo a Daniela que voy a ir al banco a sacar dinero y que necesito ir luego a comprar otra tarjeta de wifi. Me dice que puedo subir andando a la cupet y que al lado hay otra oficina de ETECSA, que igual allí me venden la tarjeta y así no tengo que ir a la Carlos III y que luego allí puedo coger el almendrón hacia el centro.

—¿Qué es la cupet? —pregunto.
—Es la gasolinera.
—¿Las llamáis cupet?
—Bueno, es el nombre de la marca —me contesta. 

Así que salgo a la calle con mis planes claros: sacar dinero en el banco, comprar la tarjeta wifi en la ETECSA de al lado de la cupet, coger un almendrón, ir al Copelia a tomar un helado y pasear por el vedado esta vez.

Me recibe una avenida lluviosa. A estas alturas no me sorprende la manera que tienen aquí de cruzar la avenida (en plan sálvese quien pueda) pero me detengo a hacer un par de vídeos para tener prueba gráfica:






Llego al banco, no hay mucha cola ¡menos mal! y en seguida me atienden pero me piden el pasaporte para cambiar dinero, les digo que tengo el DNI pero me dicen que necesitan el pasaporte, les digo que en la casa de cambio me admiten el DNI pero me insisten en que ellos solo me pueden cambiar con pasaporte, les pido cotización de todos modos para comprobar cuál es el cambio y veo que es igual que en el aeropuerto y que en la casa de cambio, incluso un poquito peor porque los céntimos no me los dan. Tengo dos opciones, cruzar de vuelta a casa a por el pasaporte o seguir andando a la casa de cambio que está a una manzana aunque me alejo un poco de la cupet. Voy a la casa de cambio, aquí sin problema, me voy con mi dinero. Veo que hay unos cajeros automáticos al lado de la casa de cambio, debería probar a sacar dinero a ver si funciona la tarjeta pero como hay cola y ya he sacado lo dejo para otro momento.


Echo a andar hacia la 'cupet' para ir a por la tarjeta del wifi a la oficina de ETECSA que, supuestamente, está al lado. Me hace gracia un cartel con el nombre AYESTARAN...


Llego a la oficina de ETECSA, es pequeña y no hay cola... sospechoso. La chica que hay sentada al otro lado del mostrador me dice que no venden tarjetas de internet, que tuvieron pero que ahora no tienen, que vaya a la oficina de la Carlos III así que cojo el almendrón a la oficina que ya conozco. Bajando la Avenida de Boyeros le hago foto a los edificios de la Plaza de La Revolución donde aparecen el Ché y Fidel Castro.



Hoy hay mucha menos cola en la ETECSA de la Carlos III, no sé si por la lluvia, mientras espero veo pasar a las colegialas con una minifalda muy corta, y nadie les va diciendo nada por la calle, cosa que me gusta, y me pregunto por qué todo el mundo me advertía en Madrid que me iban a estar echando piropos todo el rato, que fuera preparada, yo noto bastante respeto por la mujer aquí, la verdad, insisto, ellas vestidas guapísimas con trajes ajustados y minifaldas y medias preciosas y nadie les va diciendo nada, me siento muy segura en esta ciudad, no sé si es porque parezco una cubana más y no me ven como guiri o porque no estoy yendo a los sitios de guiris, seguramente una combinación de ambas cosas.


Cuando me toca entro y la chica que me atiende me dice que no tienen tarjetas para wifi.

—Pero ¿cuándo van a tener? —pregunto.
—Es que se ha ido la línea y no podemos venderlas.
—¿Nadie tiene línea?
—Prueba en los kioskos.
—Y ¿Dónde hay uno? —pregunto cada vez más nerviosa.
—En los parques.
—¿Alguno cerca al que pueda ir andando, cerca de la Copelia hay algo que quiero tomar un helado allí?
—Si, sí, al lado de la heladería Copelia hay uno, son unos diez minutos caminando.

Lo busco en el 'google maps' y allá que me dirijo todavía sin dar crédito... si en la oficina de la Carlos III no tienen tarjetas... mala cosa, todavía me quedan unos minutos en la mía pero pronto voy a necesitar otra. Con razón no había cola hoy... de camino al Copelia paso por el Hospital Municipal y la Calle Espada y me acuerdo de mi época de tiradora, de los doce a los veintitrés años mi deporte fue la esgrima y tengo muy buenos recuerdos de esa época.



De camino al Copelia está la Facultad de Psicología y el callejeo es muy entretenido: soportales muy coloniales, el campus universitario y algunos edificios majestuosos con pinta de necesitar una buena reforma...









En el google maps veo que estoy cerca y pregunto a unos chicos dónde está el Copacabana.

—¿El copacabana? ¿qué es eso?
—Una heladería muy famosa por aquí cerca.
–¡El Copelia! —me contestan muertos de la risa.

Jajajaja ¡Plaza de la República en lugar de Plaza de la Revolución y ahora Copacabana en lugar de Copelia! jajaja las conexiones neuronales me están follando, digo fallando. Llego al Coppelia (que se escribe con doble p, me doy cuenta al verlo) y hay una terraza fuera con precios de guiris y una cola gigantesca dentro donde se toman los helados a precio local, me siento en la terraza a tomar un heladito ¡buenísimo!.




Voy al kiosko etecsa, se llama 'minipunto' ¡qué gracioso!, hago una cola de dos personas ¡menos mal! y ¡¡¡no tienen tarjetas!!! dice que hoy no hay línea y no tiene... al salir de la cola me aborda una 'camella' de tarjetas etecsa, me pide el doble de lo que valen, le digo que no. Bueno, todavía tengo minutos, decido que voy a ir andando al Hotel Nacional que me han dicho que tiene unos jardines preciosos. Paso por unas calles residenciales con palmeras y unas casas preciosas, de pronto veo un soportal pintado de azul, el mismo azul de las otras oficinas ETECSA, me acerco y ¡no me lo puedo creer! otra oficina de ETECSA, hay cola, pregunto en la cola si saben si tienen tarjetas wifi, nadie sabe, pido permiso para entrar a preguntar y me dejan pasar, la de seguridad me dice que sí tienen pero que solo de cinco horas, le digo que estupendo ¡no puedo creerlo! me bajo (porque la oficina queda en una entreplanta) al soportal a hacer mi cola, no hay guiris en la cola, todos cubanos, hay dos colas, una para los que van a pagar el teléfono de la casa y otra para el resto de gestiones, detrás de mí se pone un borracho, con la típica pinta de borracho: con un tetrabrik de algo que parece vino blanco en la mano, sucio, oliendo mal, rastas de suciedad en el pelo, barba descuidada, camiseta y pantalones que no han visto el jabón en meses y zapatillas de deporte de color indefinido. Me pregunta si lo que llevo colgando del bolso es un móvil, le digo que no, me dice que lo guarde bien porque me lo pueden robar, le digo que no tiene valor, que es un jabón de manos. Viene otra persona y pregunta por el último y el borracho le dice que él, la mujer se extraña pero se pone detrás, a cierta distancia. Aquí no es como en el ETECSA de la Carlos III que pides la vez y te sientas donde quieres, como no hay donde sentarse se hace una cola normal. Al estar todos pegados se empiezan a entablar conversaciones de cola, que si vaya tiempo cómo llueve, que si una tuvo un problema técnico con su línea de teléfono y es la quinta vez que viene... ¡Una hora más tarde me toca! subo y la securitas me dice que espere un momento a su lado, ella está sentada leyendo Cincuenta Sombras de Grey. Cuando ya creía que hoy no iba a conseguir mi tarjeta wifi la consigo en el sitio menos pensado, la chica del mostrador que me atiende me dice que ellos han tenido línea toda la mañana y que, de hecho, ellos NO suelen tener tarjetas wifi pero que hoy tienen las de cinco horas. 




Retomo camino al Hotel Nacional, llueve pero no me importa, allí lo veo al fondo, y antes de cruzar hacia el hotel veo en mi acera, un poco más arriba, 'El Gato Tuerto', uno de los locales de música en vivo, también restaurante, en el que pregunté con Alfonso si había jazz pero me dijeron que más bien boleros. Tengo hambre y ganas de ir al wc, iba a comer en el Hotel Nacional pero decido entrar al Gato Tuerto, paso por el escenario, tiene la percusión montada pero está vacío porque los conciertos son por la noche, el restaurante está en la parte de arriba, antes de subir veo un wc, entro y está bastante bien, después de un 'trabajo rápido y limpio' voy a tirar de la cadena y ¡no hay agua en la cisterna! ¡ostras! miro a ver si hay algún cubo cerca pero nada, en el lavabo sí hay agua, me lavo las manos, sigo buscando un recipiente para utilizar como cubo pero nada, no veo la llave de paso del agua de la cisterna, salgo y subo las escaleras al restaurante, una chica me pregunta cuántos somos, le digo que yo sola, me quedo pensando si decirle que he ido al wc abajo y he dejado un regalito, nadie me ha visto, puedo no decir nada, pero me da cargo de conciencia, empiezo a tirar de refranero y pienso cosas como <<a lo hecho, pecho>> <<más vale una vez colorada que ciento no se cómo>> etc y a la chica que me sienta le confieso lo que ha pasado para que, por favor, alguien elimine las huellas del crimen, me dice que no me preocupe aunque me mira un poco con el gesto torcido...

Pido un plato con arroz, ensalada y gambas, muy rico y cuando bajo le digo al de la puerta que me haga un par de fotos en el escenario, hablamos un rato de dónde soy, de la música, de la vida, y sigo rumbo a casa de Alfonso, vamos a ir hoy al Palacio de la Rumba a una sesión 'matiné'.




Paso por 'La Gruta', que es uno de los locales para bailar salsa que me dijo la amiga de Daniela, lo tengo apuntado para ir después de la Zorra y el Cuervo porque está al lado y cierra tarde, veo que hoy cierra a las tres de la mañana así que hoy tengo Palacio de la Rumba, Jazz en la Zorra y el Cuervo y salsa en la Gruta ¡chacho, chacho, chacho! Estoy en la zona de Nuevo Vedado y me queda todavía una horita caminando hasta llegar a Pueblo Nuevo, paso por una pared con un grafitti que marca la 'Ruta del yate Granma' en el año 56 y finaliza en la 'Playa de las Coloradas', en Las Palmas hay unas 'Coloradas' donde se vuela en ala delta y me acuerdo de mis compañeros voladores.


Los autobuses escolares son como los de EEUU, el típico 'School bus' amarillo, veo varios. Al llegar a una plaza veo un edificio con un nombre en la parte de arriba que resulta familiar, me fijo bien y es el Edificio 'Álvarez Rivas' como la colonia, la típica colonia de abuela ¡qué bueno! ¿serían cubanos los creadores de la marca?



Más adelante veo una librería, no puedo evitar entrar, tienen magia, son como un imán para mí pero esta vez me contengo y no compro porque ya compré dos libros el otro día en la Habana Vieja pero me llaman la atención un par de ellos. Ya me voy acercando a la plaza donde está el Palacio de la Rumba, veo delante de mí una señora con unas rastas a dos colores, las puntas son blancas, me encanta, la voy persiguiendo, me acuerdo de un amigo colombiano que me decía que él por las mañanas cuando iba al instituto, salía de casa y se subía a un culito, que quería decir que se fijaba en un culito de una churri y lo iba persiguiendo, así iba entretenido al instituto, embobado, pues yo me he fijado en las rastas de la señora, y voy subida a las rastas, la mar de entretenida, la casualidad que va hacia el mismo sitio que yo. 





Llego al palacio de la rumba y ¡me encuentro con Miriam! tengo que ir hasta casa de Alfonso así que le pido que le llame y le diga que venga él para el Palacio de La Rumba y así no tengo que ir. Hoy son cinco cuc la entrada, más barato porque es sesión 'matiné', está lleno lleno y todo cubanos, nada de guiris, ambientazo y bailando salsa, todos 'niquelaos' ¡me encanta! No tenemos ni mesa, Miriam nos tiene reservadas unas sillas para que nos sentemos aquí en medio de la entrada, me presenta a otras amigas suyas, una de ellas viene con su pareja, es una cubana de unos treintaytantos con un belga de unos setenta y tantos, el belga es muy simpático y pasan temporadas en Cuba y temporadas en Bélgica, me cuenta. Otra, Geydis, es masajista, ha venido con su madre, me la presenta, simpatiquísimas las dos, me da su tarjeta y le digo que mañana paso a darme un masaje, el precio es europeo total, y no se puede pagar con tarjeta en ningún sitio, me quedan pocos cuc, intentaré sacar mañana. Yo no paro de bailar salsa, me sacan todo el rato, estoy encantada.





Alfonso me lleva a la Zorra y el Cuervo, pasamos por una calle que pone 'AREA PRACTICA DE EXAMEN' ¡qué gracia! ¿harán aquí la prueba del carnet de conducir? Llego pronto, son las nueve y empieza a las diez, no está ni abierto, me siento en la terraza de la esquina, hay un grupo tocando clásicos de ayer y hoy como 'la cucaracha' y 'yolanda' y me acuerdo de Yolanda, mi profe de flamenco y amiga, y nuestro super viaje a Bali al IBMF (International Body Music Festival) (LINK)




A las diez en punto me planto en la puerta de la Zorra y el Cuervo, es una cabina de teléfonos inglesa, la entrada es súper graciosa, de ahí bajan unas escaleras al local, no han abierto y estoy la primera en la fila. ¡Por fin abren! a las diez y media aproximadamente... bajo y me siento una de las mesas de la primera fila, empieza a llenarse, la entrada son diez cuc y tienes dos consumiciones incluidas, me pido el primer mojito. Un poco antes de empezar, el local ya lleno, la camarera se acerca y me pregunta si no me importa compartir mesa con otras personas, si puede sentar a una pareja, le digo que en absoluto, que los siente. Llega un matrimonio de unos sesentaypico años, afroamericanos me da la sensación. Nos sonreímos y me dicen 'Thank you' confirmando mis sospechas de que cubanos no eran. Empieza el concierto y el grupo se llama Proyecto H. Entre tema y tema hablo con mis compañeros de mesa, son Rhonda y su marido, ella juez jubilada, viven en Washington DC, han venido en un crucero, están acostumbrados al jazz más clásico y estos chicos les gustan pero no les acaban de convencer (a mí me encantan). Les digo que justo en febrero estuve en Washington, hablamos de ésto y de aquello e intercambiamos correos electrónicos. En el descanso me dicen que se van a ir ya, que están cansados, me dicen que van a pagar sus dos consumiciones pero que no se van a tomar la segunda, que no pueden más, les digo que no tienen que pagar nada, que están incluidas, me dicen que no, que ellos saben cómo funciona ésto, que en EEUU es así, pagas la entrada y luego te exigen un mínimo de consumiciones, les digo que no, que aquí son diez cuc y te incluyen las dos consumiciones, por si acaso preguntan a la camarera y ella les confirma que están incluidas, me agradecen la aclaración y nos despedimos. La camarera vuelve a preguntarme si me importa que me 'coloque' a otras personas, le digo que encantada. Bueno, es que ha sido lo mejor, llegar la primera y coger la mejor mesa, me van trayendo amiguitos, jajaja. Ahora son Natasha y su hermana, de Singapur, y un amigo koreano. Natasha se acaba de graduar en educación infantil en Boston y han venido a celebrarlo, los padres de ellas están en otra mesa. Casualmente Natasha viene a Canarias en dos semanas, no se acuerda a qué isla, nos intercambiamos emails, nos hacemos un selfie y brindamos por la salud de todos.




Al acabar en la Zorra estoy agotada, decido no ir a la Gruta y menos aún al 1830 que hoy iba a estar allí el jinetero. Hablo con un taxista, me pide  ocho cuc, le digo que ayer me llevaron por cinco y me dice que ok. No me queda batería en el movil, El conductor conecta el navegador de su móvil para ir más rápido y va callejeando. Subo a la casa, todos durmiendo, hace frío, me tapo con la sábana y me pongo un pareo por encima ¡no puedo creer que tenga frío en La Habana! Sales de casa con unos planes pero La Habana es caprichosa y tiene sus propios planes para tí.

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